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UN-CD9020 - Nieve en la Habana
Dagoberto Pedraja Cepero
Dago es el nombre de esta banda de rock latino liderada por el conocido guitarrista cubano Dagoberto Pedraja. Con este disco la banda Dago nos propone una sonoridad diferente del rock que se gesta en Cuba, dada por un novedoso tratamiento en la interpretación de la guitarra y de la sección rítmica.
Repertorio:
Créditos:
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Tomás Miña
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Diseño |
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Julio Nápoles
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Grabación |
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Dagoberto Pedraja Cepero
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Mezcla |
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Julio Nápoles
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Mezcla |
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Carlos de la Vega
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Masterización |
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Eduardo Ramos Montes
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Productor general |
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Alexis Morejón
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Productor musical |
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Dagoberto Pedraja Cepero
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Productor musical |
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Dagoberto Pedraja Cepero
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Dirección musical |
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Angel Alderete
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Fotos |
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Carmen Abella
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Productor ejecutivo |
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Toni Basanta
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Notas |
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Angel Pérez
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Asist. de Grabación |
Notas Discográficas:
Al Dago, músico de sesión, productor y arreglista, lo hemos disfrutado miles de fans desde 1980 con el grupo Fa-5, su primer contacto personal con la herencia negra del funky americano, luego con Gens, donde acaparó los hit parades radiales de finales de los 80, en la banda acompañante de Carlos Varela, en el video-arte “Chachachaplín Boys” de Ernesto Fundora y en los homenajes a John Lennon por solo citar algunos.
Felizmente, tenemos la dicha de disfrutarlo en quince temas de su autoría, donde además canta a dúo con Silvio Rodríguez en “Ella siempre estaba a full”. Ella, es la creación pensante, la canción que crea miedo entre las personas, pues rompe con los espacios de acción social y se hace más participativa.
Aquí Dago da riendas sueltas a todos sus demonios y ángeles. En “Ella” se juntan las huellas e influencias nacidas del sonido de “Los Chicos” de Liverpool, Los Rolling Stones, Jimmy Hendrix, más Silvio Rodríguez a quien Dago, quiere en esta pieza agradecerle su visión de futuro.
El repertorio del disco, contiene temas como “Hoy te quiero hablar de amor” y “Ciudad sin cruces”; una canción con texto kafkiano y dadaista a la vez, que queda a la apreciación del que escucha. Su textura mezcla ritmos tropicales como el reggae y la cumbia, devolviéndole al rock el acento bailable.
“Nieve en La Habana”, una pieza inspirada en una simpática noticia publicada en los años 50 en el Diario “El Mundo”: “…nevó en El Capitolio…”.
La broma se produjo a propósito de “El día de los inocentes”; pero esta nieve no tiene nada de inocencia. Es una nieve caliente, dedicada a los que dejan el calor de La Habana sin arriesgarse a sobrevivir a bordo del vapor pertinaz que hay en la Isla.
“De algunas cosas, de algunos sueños” es un tanto autobiográfica, y “Rockstalgia” es la tesis del disco, la reconciliación con los malos recuerdos y a los que se impuso para sobrevivir hasta hoy.
Este acid rock anuncia el reencuentro de personas que han dejado de verse durante años. Esta “rockstalgia” funciona a la vez como “la máquina del tiempo” capaz de servir como opening o como cierre.
Sobresale además el buen ordenamiento de las piezas. En ellas, su amor por la literatura y las cuestiones sociales le permiten añadir colores a delicadezas como “Falling”, un preludio que cautiva por su romanticismo. En “Hamster’s Blues” recrea una posible canción infantil vestida de humor negro, donde predomina la imaginación adaptándole una sonoridad que él denomina “paliacaster” cuyo resultado es un sonido similar al banjo.
“La última bala” propone la herencia funkadelic, mientras que “Havana Bar” expresa la crónica de amor desgarrante por la ciudad en que vivimos y donde quedan pocos bares para brindar, jugar a las cartas o al kubilete escuchando las vitrolas.
En su lugar se hablan muchas lenguas y está en falta la de Cervantes, en “paralelo”, se brinda sin copas en el barrio; la música contiene células rítmicas del chachachá y los toques moriscos propios de la herencia árabe-española, más una insinuación a “Que linda es mi Habana” de Martha Valdés: “…Habana, princesita del mar…” una pincelada a punta de guitarra.
“Fleecka” (Preludio No.2), vocativo sueco referente a muchacha, te prepara para una nueva carga de “Tropic Metal”.
“Sharlie” es otro preludio, esta vez con nombre de mujer, situado como fértil separador que te lleva al cuarto movimiento del disco. Al último paseo, al de la intimidad, al toque necesario del artista para lograr la reconciliación con los inadaptados, hasta mostrarles que aquí “No caen hojas muertas”, porque antes de llegar al suelo reviven gracias al optimismo.
Casi calendario, arribamos a “Solo en noviembre” una canción de amor cuyo texto nostálgico contrasta con el carácter alegre de la música. El empleo de la armónica le da el toque Blues.
Dago atraviesa barreras estilísticas y para eso se vale de una inspirada sección rítmica integrada por el bajista Abdel G. Reyes y el baterista Richard Castillero; el trío de rap Instinto que le da el ambiente de la música negra y la colaboración de Alexis Morejón (exGens, ahora cantante de Moncada) como productor y corista.
Influyen en esta obra, la ternura de George Harrison, la estridencia de Jimmy Page, la reflexión de Andy Summers y el sabor latino de Santana, Chicoy y José Angel Navarro. Una vez más, Dago cuenta y comparte anécdotas de rock ardiente que bordean las delicadas orillas del alma.
“Nieve en La Habana” es un canto a la ciudad más bella, que botas cañeras pisaron, un canto de cerebro, manos y corazón.
Toni Basanta.
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